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La confesión al oído católica –un sofisticado invento de los sacerdotes
El niño ingresado forzosamente a la institución
iglesia, mediante el bautismo, permanece por el momento libre de nuevas
prácticas eclesiales. A más tardar, como colegial a los nueve años, el
pequeño católico con una mente infantil, es confrontado, a extrañas
prácticas de la iglesia y a veces con resultados desastrosos: la
confesión al oído. Como preparación para la “primera santa
comunión” debe confesarse por primera vez.
Niños educados en la iglesia luterana, recién entran
en contacto con la confesión, como juveniles antes de la confirmación, y
tampoco deben hacerlo solos con el pastor, si no en grupo. Extraño para
los niños, es que deben seleccionar primeramente de un “manual
confesional” (Beichtspiegel) [espejo de confesiones], sus
“pecados”, para luego recibir el “perdón” de una persona, que no tenía
la más mínima relación con los “hechos”.
Aquí comienza, para muchos niños graves distorsiones
de conciencia: Para no desilusionar a los sacerdotes, para hacer esto
lo mejor posible, muchos niños católicos a veces “inventan pecados” – El
Beichtspiegel da muchas sugerencias – que luego recitan lo más
compungidos como pueden. A continuación rezan alivianados varios Padre
Nuestros, que les es da dado como “penitencia”.
¿Pero que aprendieron? Que se puede hacer (casi) de
todo – lo importante es que un sacerdote lo sepa. Si se reconcilió con
el prójimo o si se ha reparado el daño, es secundario. Y: No es
necesario cambiar, se puede pecar de nuevo – para esto en todo caso
existe la confesión. El filósofo Friedrich Nietzsche se burla
sobre esta tal llamado sacramento:
Man lispelt mit
dem Mündchen, man knickst und geht hinaus
–
und mit dem neuen Sündchen
löscht man das alte aus.
(Se susurra con
la boquita se inca y se sale – y con el nuevo pecado,
el antiguo es borrado).
¿Qué enseñó Jesús de Nazaret?
Un
elemento muy importante en la vida del hombre, es la diferenciación
entre el bien y el mal y la exploración y la formación de la conciencia.
Y es enturbiada desde la niñez. En el Padre Nuestro, que con tanta
frecuencia es impuesto como un “rezo de penitencia”, todavía resuena, lo
que es la enseñanza cristiana original. “Y perdónanos nuestras deudas,
como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Dios es entonces el que
perdona nuestras culpas, cuando los dos que se hicieron culpables entre
ellos se hayan perdonado. Para esto no es necesario un sacerdote. Cristo
aclara esto en su obra de revelaciones Esta es mi palabra, su
enseñanza en justamente este sentido. “Perdonad y recibiréis perdón. Si
vosotros pidáis perdón y vuestro prójimo os perdona, así también le
habrá perdonado vuestro Padre en el cielo” (Esta
la mia palabra,
pág. 330)
(http://www.das-wort.com/cgi/gen_article.cgi?article=s007es&type=desc).
¿Cómo se llegó a la falsificación?
Tan simple y claro
es el mandato de Jesús. Pero entonces los sacerdotes aquí se quedarían
cesantes. No estarían informados sobre todo los pensamientos y actos de
sus “ovejas” y así no podrían seguir ejerciendo el poder.
¿Si la confesión
de oído no proviene de Jesús – de donde salió?
Sus raíces se encuentran en el paganismo.
“En algunos cultos de misterio se reconocía al sacerdote, las culpas,
como representante de la divinidad, para liberarse así de las
consecuencias”, escribe Karlheinz Deschner en su obra
Der
gefälschte Glaube [La fe falsificada] (pág. 114).
En estas
ceremonias también se diferencian entre “pecados veniales” y “pecados
mortales” – tal como posteriormente la iglesia de Roma. Empero los
primeros cristianos no conocían un ritual así. Recién en el siglo 2 fue
practicado esto. La confesión de oído recién fue ordenada partir del año
1251.
Durante siglos la
confesión fue un instrumento muy eficaz para el investigación y
dominación de las personas, con lo cual la iglesia se hizo merecedora de
ser calificada de disponer del mejor servicio secreto del mundo.
– Hasta el
siglo 20 en muchas zonas de Alemania la observancia de la “confesión
obligatoria” fue supervisada por curas párrocos, en forma personal,
mediante la comprobación del “Beichzettel” que se debía retirar una vez
al año [“Beichtzettel ; Beicht- = confesión; Zettel = papelito,
papeleta (explicación del traductor AAGB)].
La confesión hasta
ahora, es un instrumento de la presión de moralidad aparente. Aquél que
muere en estado de “pecado mortal” sin confesión, según la enseñanza
católica, va a la “eterna condenación”. El que calla un pecado mortal
durante la confesión, esta confesión es inválido. Un perfecto negocio
con el miedo.
Como justificación
de la confesión de oído, la iglesia se sirve de una parte del nuevo
testamento donde Juan:
“A quienes remitiereis los pecados, les son
remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan
20, 23). Algunos lo consideran una falsificación. Pero presumiendo
su veracidad, aquí no se habla de sacerdotes ni de una iglesia. Estas
palabras cado un las puede referirse a si mimo, y, por ejemplo,
entenderlo así: Si yo “dirimo”, los pecados, al prójimo que pecó en
contra mía, es decir perdono, entonces éstos son zanjados. Si no, la
culpa queda pegada a él.
Con esto estamos nuevamente con la enseñanza original
de Jesús, según lo cual el, perdón de los pecados, es un proceso entre
las personas afectadas. La oreja fisgona de un sacerdote para esto no
es necesario, pero sí el corazón deseoso de la reconciliación.
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