Los niños que son educados en la Iglesia luterana, entran
en contacto con la confesión como juveniles antes de la confirmación, y
tampoco deben hacerlo solos con el pastor, sino en grupo. Lo extraño para
los niños, es que deben seleccionar primeramente de un “manual
confesional” (Beichtspiegel) [espejo de confesiones] sus
“pecados”, para luego recibir el “perdón” de una persona que no ha
tenido
la más mínima relación con los “hechos”.
Aquí comienzan para muchos niños, graves distorsiones
de conciencia: Para no desilusionar a los sacerdotesy para hacer esto
lo mejor posible, muchos niños católicos a veces se “inventan pecados” – El
Beichtspiegel da muchas sugerencias – que luego recitan lo más
compungidos que pueden. A continuación rezan aliviados varios Padre
Nuestros, que les son dados como “penitencia”.
¿Pero qué aprendieron? Que se puede hacer (casi) de
todo – lo importante es que un sacerdote lo sepa. Si se reconcilió con
el prójimo o si se ha reparado el daño, es secundario. Y: No es
necesario cambiar, se puede pecar de nuevo – para esto en todo caso
existe la confesión. El filósofo Friedrich Nietzsche se burla
sobre este llamado sacramento:
“Man lispelt mit
dem Mündchen, man knickst und geht hinaus
–
und mit dem neuen Sündchen
löscht man das alte aus”.
(“Se susurra con
la boquita se inca y se sale – y con el nuevo pecado,
el antiguo es borrado”).
Tan simple y claro
es el mandato de Jesús. Pero entonces los sacerdotes aquí se quedarían
en el paro. No estarían informados sobre todos los pensamientos y actos de
sus “ovejas” y así no podrían seguir ejerciendo el poder.
¿Si la confesión
de oído no proviene de Jesús – de dónde salió?
Sus raíces se encuentran en el paganismo.
“En algunos cultos de misterios se le comentaban las culpas al sacerdote
como representante de la divinidad, para liberarse así de las
consecuencias”, escribe Karlheinz Deschner en su obra
Der
gefälschte Glaube [La fe falsificada] (pág. 114).
En estas
ceremonias también se diferencian entre “pecados veniales” y “pecados
mortales” – tal como dice posteriormente la Iglesia de Roma. Pero los
primeros cristianos no conocían un ritual así. Sólo entrado el siglo 2, fué
practicado esto. La confesión de oído fué ordenada a partir del año
1251.
Durante siglos la
confesión fué un instrumento muy eficaz para la investigación y
poder dominar a las personas, con lo cual la Iglesia se hizo merecedora de
ser calificada de disponer del mejor servicio secreto del mundo.
– Hasta el
siglo 20, en muchas zonas de Alemania la observancia de la “confesión
obligatoria” fué supervisada por curas párrocos, de forma personal
mediante la comprobación del “Beichtzettel” que se debía retirar una vez
al año [“Beichtzettel”; Beicht- = confesión; Zettel = papelito,
papeleta (explicación del traductor AAGB)].
La confesión hasta
ahora, es un instrumento de la presión de moralidad aparente. Aquél que
muere en estado de “pecado mortal” sin confesión, según la enseñanza
católica, va a la “eterna condenación”. El que calla un pecado mortal
durante la confesión, esta confesión es inválida. Un perfecto negocio
con el miedo.
Como justificación
de la confesión de oído, la Iglesia se sirve de una parte del nuevo
testamento donde Juan:
“A quienes remitiéreis los pecados, les son
remitidos; y a quienes se los retuviéreis, les son retenidos” (Juan
20, 23). Algunos lo consideran una falsificación. Pero presumiendo
su veracidad, aquí no se habla de sacerdotes ni de una Iglesia. Estas
palabras cado uno las puede referir a si mismo y por ejemplo,
entenderlo así: Si yo “dirimo” los pecados al prójimo que pecó en
contra mía, es decir le perdono, entonces éstos son zanjados. Si no, la
culpa queda pegada a él.
Con esto estamos nuevamente con la enseñanza original
de Jesús, según lo cual el perdón de los pecados es un proceso entre las
personas afectadas. La oreja fisgona de un sacerdote no
es necesaria para esto, pero sí el corazón deseoso de la reconciliación.