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Eucaristía:
En vez de la transformación interna, un ritual mágico
Desde la cuna hasta la tumba, al cristiano
eclesiástico
lo acompañan costumbres que no tienen ninguna relación con la enseñanza de
Jesús de Nazaret. El joven cristiano eclesiástico es bautizado, se ha confesado
– y ahora es familiarizado con la fiesta de la misa de la cual, después de
la confirmación y la primera comunión respectivamente, es un feligrés completo.

El
niño o el joven, naturalmente no se entera de que
participa en un evento marcadamente pagano. Especialmente notorio es esto en
la iglesia católica: El agua bendita, con el cual
uno se persigna al entrar a la iglesia; la “eterna luz”; el constante
arrodillamiento y juntar manos; los monaguillos con sus rezos aprendidos de
memoria; la velas y el incienso – todos estos son elementos de las religiones de
misterios paganos pre-cristianos. Varios de estos también los tomó la iglesia luterana del catolicismo,
aunque recortados: El pastor con sus
trajes especiales, el altar, el púlpito – todo es de origen pagano.
¿Transformado o despistado?
Y ante todo: La fiesta de la misa, ritual en si con la supuesta
transformación del pan y del vino en la carne y la sangre de Cristo. Según el
dogma católico, se ordena a creer esto, bajo excomulgación automática, el
sacerdote después de pronunciar las palabras transformadoras, tiene en sus
manos efectivamente, la carne y la sangre de Jesús.
Similar es con Martín Lutero, para el pastor después de
las palabras de introducción, sostiene las dos cosas en sus manos: Tanto
como la oblea y el vino, también bajo “pan y vino”, el “verdadero” cuerpo y
la “verdadera” sangre de Cristo. Y aquel que participa en la cena, aunque no
crea esto, también come y bebe según Lutero “para el juicio” (o sea, para la
eterna condenación). Sólo algunos otros “reformadores” como el suizo
Huldreich Zwingli,
entendían este acto
como simbólico, pero también ellos adoptaron la ceremonia y con esto el
grotesco fondo de visión del mundo
Un sacrificio idólatra
Esta fiesta es percibida como un “sacrificio
de penitencia” ritual. En el antiguo paganismo se
sacrificaban animales (también en el judaísmo, con influencias paganas), para
ofertarlos como sacrificios y para “apaciguar” a Dios. Así es “sacrificado”
aquí el hijo de Dios, para salvar a los hombres de la “ira de Dios”. Según
la concepción católica, como en los antiguos cultos paganos de Dionisio,
Attis, Mitras, o de Isis, la fuerza de Dios pasa al creyente mediante una
comida ritual – “comiéndose” a Dios, por decirlo así, ingerirlo ritualmente.
¿Una especia de canibalismo ritual? En todo caso es un ritual mágico, que
sólo puede producirse mediante la intercesión de un sacerdote y que ata a
los creyentes a la mágica institución “salvadora”, la iglesia.
Jesús no enseñó ninguna
parafernalia
Jesús de Nazaret no enseñó nada de esto. Cuando se reunió
con sus discípulos durante la última cena, habló con ellos sobre el
fortalecimiento interno del alma, para la cual la alimentación externa es
sólo un símbolo (ver cita abajo). Él les habló sobre el cambio interior del
ser humano, que acoge en si el espíritu de la verdad – simbolizado por la
sangre que circula por todo el cuerpo. Con esto su vida es impregnada con el espíritu
de Cristo. La iglesia hizo de esto un cambio exterior, porque no sabe o no
quiere saber del cambio interno que enseñó Jesús.
Jesús de Nazaret no impuso ni sacerdotes ni una
parafernalia exterior, ni apoyó actos circenses con objetos rituales, trajes
ceremoniales, agua bendita, incienso y mucho más. El enseñó, que el espíritu
de Dios vive sin rituales mágicos en todo, también en los alimentos y que
éstos se deben recibir con agradecimiento.
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Cristo mismo en su
revelación “Esta es mi palabra”
¿Que sucedió realmente durante la última cena?
“Como Jesús
de Nazaret recé muchas veces a Dios, mi Padre, y dialogaba con Él.
A Él, el eterno, rezaba Yo por la bendición de la última cena con
los míos.
Congruentemente hablé Yo con ellos: Lo que Yo hago ahora, esto
seguid haciéndolo en Mi memoria. La comida es para el cuerpo. Yo os
la ofrezco como símbolo para la fortaleza interna.
Conoced: Mi
cuerpo será entregado, para que vosotros alcancéis vida eterna.
Haced que vuestro cuerpo sea un templo de Dios, para que el Espíritu
actúe en vosotros y a través de vosotros. Mediante la resurrección
de mi cuerpo espiritual, vosotros también resucitaréis, ya que el
Cristo de Dios, que va hacia su Padre, es el espíritu de la verdad
en Dios. El espíritu de la verdad purificará vuestro cuerpo
espiritual, y la luz del mundo, que Yo soy, iluminará en y por
intermedio de vosotros. Puesto mediante mi resurrección Yo soy la
luz en vosotros y la purificación de vuestras almas. El que cree en
Mí y cumple las leyes del cielo, alcanzará por intermedio mío, el
Cristo, el renacimiento en el espíritu de mi Padre.
Yo tomé el
vino, le agregué un poco de agua y hable consecuentemente: Lo que Yo
os diré ahora, es un símbolo. Reconoced su significado – y pensad en
Mí, cuando comáis y bebáis, ya que en todo está el espíritu de la
vida, el cual soy Yo. El vino es el símbolo para mi sangre, que
derramaré por todas las almas y hombres. El espíritu del alma debe
ser nuevamente despertado del alma y del hombre, esto significa,
traído de vuelta a la vida terrenal. El que no acepte y acoja al espíritu
de la verdad mi sangre, como símbolo, el alma de este no podrá
regresar a la eternidad, porque no vive en la verdad absoluta. El
alma permanecerá tanto tiempo fuera del cielo, hasta que me haya
acogido y aceptado a Mi, la luz
del mundo, su redentor.. Quién entonces a Mí su
redentor, el corregente de los cielos, no me acepte y acoja, este no
alcanzará la perfección absoluta.
Reconoced: El
que no me acepta y acoge, éste tampoco acepta y acoge al Padre –
pues el Padre y Yo somos uno.
Este hecho
simbólico lo he realizado como Jesús de Nazaret entre los míos, para
explicarles que la vida, el espíritu de Dios está en todas las
formas vivientes como fuerza y sustancia, tanto en el alimento como
también en la bebida. Pues Yo fallecí por todas las almas y
seres humanos para que logren la resurrección. Vosotros, durante la
comida y en todo lo que realicéis, sólo debéis recordarme. Pues lo
que ciertamente realices en Mí nombre, esto está bien hecho.”
De: Esta es mi palabra, alfa y omega, el evangelio de Jesús, la
revelación de Cristo, lo cual es conocido, mientras tanto por todos
los verdaderos cristianos del mundo, pág. 827,
http://www.das-wort.com/espanol/mensajes-desde-el-infinito/esta-es-mi-palabra---alfa-y-omega.php |
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¿Cómo se llegó a esta falsificación?
Los primeros cristianos no celebraban una cena ritual, sino
que juntos partían el pan, ellos llevaban a cabo una “comida de
amor” (griego: ágape) o sea, una cena festiva juntos, en
silencio y reflexión. Posteriormente, Pablo sugirió que había
que comer en casa y en las reuniones, llevar a cabo solamente
una fiesta simbólica. Hacia el año 150 esto fué trasladado a la
mañana. Otros 100 años más duró esto, hasta que surgió la
imaginación de una eucaristía como “sacrificio de penitencia”
(ver
Karlheinz Deschner, Abermals krähte der Hahn, 1972, pág. 270
[Nuevamente cantó el gallo]). Y 1.000 años
después, en el año 1215 fué declarado como dogma la supuesta transformación del pan y
el vino (la llamada
“transubstanciación”). |
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