Das Weisse Pferd - Urchristliche Zeitung für Gesellschaft, Religion, Politik und Wirtschaft

N° 15/2000

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Eucaristía:
En vez de la transformación interna, un ritual mágico

Desde la cuna hasta la tumba, al cristiano eclesiástico lo acompañan costumbres que no tienen ninguna relación con la enseñanza de Jesús de Nazaret. El joven cristiano eclesiástico es bautizado, se ha confesado – y ahora es familiarizado con la fiesta de la misa de la cual, después de la confirmación y la primera comunión respectivamente, es un feligrés completo.
 

Ein Stück Brot wird verehrt. In Wirklichkeit ist der Geist Gottes schon vor der „Wandlung“ im Brot - weil Er allgegenwärtig ist
El niño o el joven, naturalmente no se entera de que participa en un evento marcadamente pagano. Especialmente notorio es esto en la iglesia c
atólica: El agua bendita, con el cual uno se persigna al entrar a la iglesia; la “eterna luz”; el constante arrodillamiento y juntar manos; los monaguillos con sus rezos aprendidos de memoria; la velas y el incienso – todos estos son elementos de las religiones de misterios paganos pre-cristianos. Varios de estos también los tomó la iglesia luterana del catolicismo, aunque recortados: El pastor con sus trajes especiales, el altar, el púlpito – todo es de origen pagano.  

 

¿Transformado o despistado?

 

Y ante todo: La fiesta de la misa, ritual en si con la supuesta transformación del pan y del vino en la carne y la sangre de Cristo. Según el dogma católico, se ordena a creer esto, bajo excomulgación automática, el sacerdote después de pronunciar las palabras transformadoras, tiene en sus manos efectivamente, la carne y la sangre de Jesús.

Similar es con Martín Lutero, para el pastor después de las palabras de introducción, sostiene las dos cosas en sus manos: Tanto como la oblea y el vino, también bajo “pan y vino”, el “verdadero” cuerpo y la “verdadera” sangre de Cristo. Y aquel que participa en la cena, aunque no crea esto, también come y bebe según Lutero “para el juicio” (o sea, para la eterna condenación). Sólo algunos otros reformadores como el suizo Huldreich Zwingli, entendían este acto como simbólico, pero también ellos adoptaron la ceremonia y con esto el grotesco fondo de visión del mundo

 

Un sacrificio idólatra

 

Esta fiesta es percibida como un sacrificio de penitencia ritual. En el antiguo paganismo se sacrificaban animales (también en el judaísmo, con influencias paganas), para ofertarlos como sacrificios y para “apaciguar” a Dios. Así es “sacrificado” aquí el hijo de Dios, para salvar a los hombres de la “ira de Dios”. Según la concepción católica, como en los antiguos cultos paganos de Dionisio, Attis, Mitras, o de Isis, la fuerza de Dios pasa al creyente mediante una comida ritual – “comiéndose” a Dios, por decirlo así, ingerirlo ritualmente. ¿Una especia de canibalismo ritual? En todo caso es un ritual mágico, que sólo puede producirse mediante la intercesión de un sacerdote y que ata a los creyentes a la mágica institución “salvadora”, la iglesia.

 

Jesús no enseñó ninguna parafernalia

 

Jesús de Nazaret no enseñó nada de esto. Cuando se reunió con sus discípulos durante la última cena, habló con ellos sobre el fortalecimiento interno del alma, para la cual la alimentación externa es sólo un símbolo (ver cita abajo). Él les habló sobre el cambio interior del ser humano, que acoge en si el espíritu de la verdad – simbolizado por la sangre que circula por todo el cuerpo. Con esto su vida es impregnada con el espíritu de Cristo. La iglesia hizo de esto un cambio exterior, porque no sabe o no quiere saber del cambio interno que enseñó Jesús.

 

Jesús de Nazaret  no impuso ni sacerdotes ni una parafernalia exterior, ni apoyó actos circenses con objetos rituales, trajes ceremoniales, agua bendita, incienso y mucho más. El enseñó, que el espíritu de Dios vive sin rituales mágicos en todo, también en los alimentos y que éstos se deben recibir con agradecimiento.
 

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Cristo mismo en su revelación “Esta es mi palabra”

 

¿Que sucedió realmente durante la última cena?
 

“Como Jesús de  Nazaret recé muchas veces a Dios, mi Padre, y dialogaba con Él. A Él, el eterno, rezaba Yo por la bendición de la última cena con los míos.

Congruentemente hablé Yo con ellos: Lo que Yo hago ahora, esto seguid haciéndolo en Mi memoria. La comida es para el cuerpo. Yo os la ofrezco como símbolo para la fortaleza interna.

Conoced: Mi cuerpo será entregado, para que vosotros alcancéis vida eterna. Haced que vuestro cuerpo sea un templo de Dios, para que el Espíritu actúe en vosotros y a través de vosotros. Mediante la resurrección de mi cuerpo espiritual, vosotros también resucitaréis, ya que el Cristo de Dios, que va hacia su Padre, es el espíritu de la verdad en Dios. El espíritu de la verdad  purificará vuestro cuerpo espiritual, y la luz del mundo, que Yo soy, iluminará en y por intermedio de vosotros. Puesto mediante mi resurrección Yo soy la luz en vosotros y la purificación de vuestras almas. El que cree en Mí y cumple las leyes del cielo, alcanzará por intermedio mío, el Cristo, el renacimiento en el espíritu de mi Padre.

Yo tomé el vino, le agregué un poco de agua y hable consecuentemente: Lo que Yo os diré ahora, es un símbolo. Reconoced su significado – y pensad en Mí, cuando comáis y bebáis, ya que en todo está el espíritu de la vida, el cual soy Yo. El vino es el símbolo para mi sangre, que derramaré por todas las almas y hombres. El espíritu del alma debe ser nuevamente despertado del alma y del hombre, esto significa, traído de vuelta a la vida terrenal. El que no acepte y acoja al espíritu de la verdad mi sangre, como símbolo, el alma de este no podrá regresar a la eternidad, porque no vive en la verdad absoluta. El alma permanecerá tanto tiempo fuera del cielo, hasta que me haya acogido y aceptado a Mi, la luz del mundo, su redentor.. Quién entonces a Mí su redentor, el corregente de los cielos, no me acepte y acoja, este no alcanzará la perfección absoluta.

Reconoced: El que no me acepta y acoge, éste tampoco acepta y acoge al Padre – pues el Padre y Yo somos uno.

Este hecho simbólico lo he realizado como Jesús de Nazaret entre los míos, para explicarles que la vida, el espíritu de Dios está en todas las formas vivientes como fuerza y sustancia, tanto en el alimento como también en la bebida. Pues Yo fallecí por todas las almas y seres humanos para que logren la resurrección. Vosotros, durante la comida y en todo lo que realicéis, sólo debéis recordarme. Pues lo que ciertamente realices en Mí nombre, esto está bien hecho.”

De: Esta es mi palabra, alfa y omega, el evangelio de Jesús, la revelación de Cristo, lo cual es conocido, mientras tanto por todos los verdaderos cristianos del mundo, pág. 827, http://www.das-wort.com/espanol/mensajes-desde-el-infinito/esta-es-mi-palabra---alfa-y-omega.php

 

¿Cómo se llegó a esta falsificación?


Los primeros cristianos no celebraban una cena ritual, sino que juntos partían el pan, ellos llevaban a cabo una “comida de amor” (griego: ágape) o sea, una cena festiva juntos, en silencio y reflexión. Posteriormente, Pablo sugirió que había que comer en casa y en las reuniones, llevar a cabo solamente una fiesta simbólica. Hacia el año 150 esto fué trasladado a la mañana. Otros 100 años más duró esto, hasta que surgió la imaginación de una eucaristía como “sacrificio de penitencia” (ver
Karlheinz Deschner, Abermals krähte der Hahn, 1972, pág. 270 [Nuevamente cantó el gallo]). Y 1.000 años después, en el año 1215 fué declarado como dogma la supuesta transformación del pan y el vino (la llamada “transubstanciación”).

 


 

 

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