Das Weisse Pferd - Urchristliche Zeitung für Gesellschaft, Religion, Politik und Wirtschaft

N° 16/2000

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Para el casamiento, ni la Iglesia ni el sacerdote son necesarios

Aunque actualmente la juventud tiene muy poco que ver con la Iglesia – cuando se trata del casamiento, muchos acuden nuevamente al sacerdote, porque no quieren renunciar a unas nupcias en blanco: El ceremonioso intercambio de anillos y la música del órgano. La Iglesia debe dar igualmente su bendición (ver enmarcado abajo).

Naturalmente todo esto también se puede realizar ante el registro civil o en una fiesta privada. Pero la tradición atrae nuevamente al ser humano temporalmente, de regreso al templo ceremonial de la Iglesia. La minoría sabe que esta tradición, sólo tiene una edad de algunos ciento de años (ver enmarcado abajo).

Además, las costumbres relacionadas son en gran parte de origen pagano. El anillo como símbolo de la eterna fidelidad (el anillo no tiene fin) ya lo conocían los antiguos egipcios. La idea de colocarlo en el anular empero, proviene de los antiguos griegos quienes le atribuían una “vena especial del amor”, como también las fuerzas del planeta, respectivamente de la diosa Venus/Afrodita. El velo de la novia proviene de oriente, donde éste es hasta hoy día parte de la vestimenta de la mujer casada.

La Iglesia advierte a los novios que deben bautizar a sus hijos y educarlos en la fe “correcta”. Todo lo demás, sería pecado grave. Sobre la base de una convivencia pacífica, que se puede encontrar en el Sermón de la Montaña de Jesús, nadie lo aclara. Sin embargo la parte discriminatoria hacia las mujeres en la Biblia (Pablo: “La mujer calle en la asamblea”), hasta ahora no fueron retractados por las dos grandes Iglesias.

 

¿Matrimonios nulos?

 

El que se divorcia y se vuelve a casar (o que se casa con un divorciado) vive, según la concepción católica, en pecado mortal, es decir excomulgado y llegará al infierno. Pero la Iglesia católica no sería tal si no tuviera en su perfecta doble moral, mantener abierta una salida: Detrás de puertas cerradas y con el pago de correspondientes aranceles, casi todos los matrimonios que lo deseen, son declarados “nulos”. Basta que el novio durante la boda hubiera estado ebrio (dependiente de drogas) o una de las partes de la pareja aún estaba “inmaduro” para el matrimonio. En 1992 sólo en los EEUU hubo 59.030 anulaciones de matrimonios católicos. 

 

¿Qué quería Jesús de Nazaret?

 

Jesús de Nazaret enseñó la igualdad del hombre y la mujer, el mutuo respeto y la fidelidad en el matrimonio. Él señaló en el Sermón de la Montaña el camino, cómo los seres humanos con el tiempo, podemos encontrar de forma pacífica y con comprensión – por ejemplo, que primero saquemos la viga de nuestro propio ojo o sea, reconocer primero nuestra responsabilidad en un conflicto y resolverlo. O primero desarrollar en nosotros lo que esperamos de nuestro prójimo. No enseña ningún ritual. Tampoco condena a nadie. Si un hombre y una mujer quieren llevar una vida juntos, ellos también pueden afirmar esto delante de amigos y parientes en una fiesta conjunta.

 

La “bendición” de la Iglesia


El término que la Iglesia durante los esponsales da “su bendición”, tiene su origen en la enseñanza de la Iglesia. Según la teología de ambas Iglesias, los novios se donan en matrimonio ellos mismos. El pastor o el cura sólo reafirman y atestiguan esta unión. 

Y lo más sorprendente es que, las Iglesias han logrado hacerse indispensables mediante sus ritos y prescripciones en esta etapa de la vida.

 

Casamientos eclesiásticos:

Un invento medieval

 

En los tiempos prístinos del cristianismo, los matrimonios no tenían que estar cerrados en una Iglesia. Tampoco existía una liturgia predeterminada. El matrimonio tampoco era considerado un sacramento.

 

En el siglo 9, Carlomagno ordenó que cada matrimonio debía ser antes anunciado a la Iglesia (esta “ordenanza” existe hasta hoy día). Con esto se quería excluir el casamiento de parientes cercanos y sus consecuencias incestuosas  la cantidad de niños extramatrimoniales y con esto el posible engaño sobre verdaderos parentescos, fueron muy grandes en esa época. La Iglesia olfateaba su gran posibilidad de atar aún más a las personas, a ella.

 

En los comienzos del siglo 12, en la Normandía se encuentra el primer caso de  un casamiento ordenado eclesiásticamente. Anteriormente y en muchas partes de Europa y también hasta mucho tiempo después, la bendición de la Iglesia no fué un requisito para el matrimonio. El casamiento se podía realizar igualmente en una taberna. Al principio del concilio de Trento en el siglo 16, se estableció la forma exacta del “sacramento matrimonial” católico. Desde entonces, la Iglesia era el único lugar posible para un casamiento. Recientemente en el siglo 19, el estado alemán ordenó después de una larga “disputa cultural”, que el matrimonio civil debe anteceder al matrimonio eclesiástico.

 

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